A Cuadros

pasquín literario de ambigüedades


Cruella

1-diciembre-2009

El compromiso. Una aldea que se construye. Un niño que llora. Un círculo que se rompe. Fuiste mi eterna compañera en el viaje, largo, de la vida. Las gacelas, los delfines. Los besos que nunca diste, lo que aquella vez – tantas veces – te perdonamos.

Críticas indiscriminadas

16-noviembre-2009

Narrativa: Aire Nuestro, Manuel Vilas

Manuel Vilas está fatal de la cabeza y, además, es uno de los escritores más originales, divertidos y arriesgados de la literatura en castellano.

La “norma literaria” que cuajó después de la Transición nos evitó, afortunadamente, la pandemia posmoderna pero, como efecto secundario, hizo que la mayoría de nuevos autores escribieran con una mano atada a la espalda. A la generación de Vilas la “normalización” le sienta tan bien como una chaqueta azul fluorescente al Rey. Vilas no sólo no tiene las manos a la espalda sino que es un contorsionista de primera.

En ‘Aire nuestro’, Vilas juega hasta lo imposible con la Historia, el Futuro y el mito de la televisión. En una ocasión, Almudena Grandes comentó que la literatura había sustituido la experimentación formal por la mezcolanza de géneros. No sé si será verdad (de todas formas, no sé si lo que hacían la mayor parte de los vanguardista guarda alguna relación con la literatura) pero lo que sí es, es un descripción topográfica de lo que se está haciendo hoy por hoy; y Vilas es un ejemplo. ‘Aire nuestro’ una novela de programas, episodios y entrevistas: pasen y lean.

Poesía: Poesía completa (1970-2000), Leopoldo María Panero

Panero es el poeta.

Muchos aspirantes a poetratos desde que el enviado de Lucifer, Wordsworth, llegara y jodiera la poesía, buscan “ansiosamente” una cosa llamada voz (una forma de canalizar la vacuidad de sus cerebros a través de un ego exasperante). Leopoldo María Panero tampoco está muy bien de la cabeza (y lo digo como psicólogo, ha pasado dos terceras parte de su vida en psiquiátricos) pero todo – sus circunstancias personales, su malditismo, su manufactura delirante – palidece ante su voz.

Leopoldo María Panero es un mago, es capaz de crear (no hay otro verbo aceptable) la belleza más exótica y sugerente con el contenedor de escombros de la sociedad española actual. Panero hace que nos planteemos si el exilio siberiano de los formalistas rusos fue excesivo, aunque, claro, no por mucho tiempo y eso es otro tema.

No-Ficción: Juan Belmonte, matador de toros: su vida y sus hazañas. Manuel Chaves Nogales

El otro día estuve en Sevilla y quizás porque recordaba la ciudad más pequeña, fui a la calle Feria. Quería ver, oler y, si se terciaba, saborear esa calle. La biografía de Juan Belmonte, el artista, el inventor del toreo moderno, arranca allí y nos lleva de las dehesas a la gloria.

Lo extraño y lo cierto es que Belmonte es lo de menos en este libro. Su prosa, su concepción, su querencia por la verdad sencilla y sin titulares hace de esta la mejor biografía escrita en castellano que un servidor de ustedes haya leído.

Chaves Nogales fue un buen periodista, qué carajo, fue un periodista excepcional; tanto que, como él mismo comentaba hablando de la guerra civil, había contraído méritos bastantes para haber sido fusilado por los unos y por los otros. La verdad es lo que tiene y, en lo que nos atañe, este es un libro de verdad. Lean, lean…

Dragones que aman princesas

8-noviembre-2009

“No te interpongas entre el dragón y su furia”

– Rey Lear

William Shakespeare

Cuentan que Burton al rehacer el Planeta de los Simios incluyó una escena sexual entre Mark Wahlberg y Helena Bonham-Carter (que interpretaba a la chimpancé Ari). El estudio, alérgico al bestialismo, parece que pidió amablemente que se retirara del metraje a proyectar.

La cultura a lo largo de la Historia, apoyando las fobias de los productores, se ha mostrado hostil hacia la zoofilia. Los exégetas bíblicos leyeron el Levítico (20:15-16) y condenaron al Infierno a Europa –“la extrema belleza libidinosa del toro”-, a la mitad del gremio de los pastores y a mi vecino del cuarto c (según dice la señora del cuarto b).

Fueron los amigos de los exégetas los que mantuvieron la luz (cárdena, pero luz) en medio de la oscuridad del Medievo. Y por eso, quizá, siempre me he preguntado si tras las historias de dragones que raptan princesas se esconde una lectura esotérica (y uso “esotérico” en el sentido que Strauss rescató de Aristóteles; esotérico como “difícil” – críptico– frente al poder político o, en este caso, el Índice y el sambenito).

Los cuentos de dragones que raptan princesas, ¿esconden historias sobre dragones que follan con princesas? ¿Señores que susurran al oído (y al bolsillo) de troveros que sólo ellos son dignos de los besos de aquella Dama? ¿Esconden, quizá, un intento de deslegitimizar el “caballero azul”, la pesadilla, al fin y al cabo, de la inseguridad masculina (véase el mito judeo-babilonio de Adán y Eva)? Dragones adúlteros que acechan el lecho del amo; animales espurios, amenazas animalizadas, cosificadas, anuladas por el miedo: vomitadas en eterna comunión con el horrible bestialismo.

Pero pese a todos los mitos, a todos las historias, todas las etiquetas, Caperucita será devorada voluntariamente por otro Lobo y San Jorge nunca salvará a las princesas que buscan llamas en otras bocas.

Mil velas

19-junio-2009

Los lobos velaron la noche en Heredia y al amanecer se entregaron a la horrible satisfacción de una venganza. Hacía siglos que dejaron de ser héroes para ser hombres, hace años que dejaron de ser hombres para ser monstruos.

Y los monstruos oscurecen el sol para perdernos en el camino, para cegarnos de tanta pena negra, de tanta impontencia y odio. Esta mañana las cortinas del cielo se corrieron y, de nuevo, tantas cosas quedaron sólo alumbradas por mil velillas de grasa.

Pero nunca su noche de bilis podrá ser tan cerrada, nunca podrá ser tan oscura. Queda luz para perseguirlos y acecharlos, queda luz para encontralos y arrinconarlos, queda luz porque esta luz prende del amor, de la entrega y del hambre de libertad y esto, es más de lo que jamás soñarán con tener ellos.

Eduardo Puelles García                                                                          Requiescat in pace

En la película “The Believer” hay una conversación en la que Danny Balint, el protagonista, dice que Hitler y Gobbels se pasaban el día hablando de los judíos; Carla le responde, con cierta malicia en la voz, que por eso él se hizo nacional-socialista, para hablar continuamente del hebreo.

Echan en la televisión, a estas horas de la mañana, un debate entre un párroco (de tono suave aunque se le nota contención en las palabras) y un ateo (este tiene look de rockero antiguo). Hablan mucho aunque da la sensación de silencio de palabras; como cuando te encuentras con un viejo amigo en la cola del autobús y aunque lo intentéis evitar, acabáis hablando del tiempo meteorológico. No se escuchan.

Veinte minutos y una lata de acuarius más tarde, me acuerdo de Gosling, rapado, y se me ocurre que uno se hace ateo para hablar de Dios, para conferirle importancia y aumentar el ego.

De repente me parece mucho más concluyente el agnosticismo: argumentos gnoseológicos al margen, es estéticamente superior a teísmos o deísmos y ateísmos o adeísmos. La elegancia wittgensteiniana del agnóstico que calla es incontestable.

Esta noche seré un esteta. Les dejo con el alba tipográfica.

Influenza

29-abril-2009

Un estudio dice que los niños ya no tienen miedo a los lobos. Temen a los terroristas, a los disparos en los colegios, a la guerra, al sida. Y este invierno, tendrán miedo a la gripe.

Esta mañana estudiaba en la Biblioteca Bio-Sanitaria, cuando alguien un par de filas más adelante estornudó. Después, silencio y un enjambre de cabezas mirando: hace pocos días, 4º de medicina volvió de su viaje de estudios en la Riviera Maya. 20 minutos después, en la cafetería que hay cerca de la biblioteca, alguien comentaba que tantos viajes y tanto inmigrante iban a acabar con el país.

La verdadera plaga no es la gripe; es el miedo.

Porque la gripe porcina no es más que una enfermedad más, quizás una de las 31 pandemias históricas de gripe que conocemos. Pero el miedo, el miedo es el principal elemento de la infección moral de la sociedad. El miedo ha sido la excusa política por antonomasia; la peste en Boccaccio: una excusa para juntarnos, alejarnos y hacernos contar historias en voz baja mientras el mundo simplemente sucede afuera; el miedo es el palo y la zanahoria de las sociedades desvertebradas.

No podemos permitir que el excurso del miedo confunda nuestra mente.

La gripe española, por poner el ejemplo de la que seguramente fue la peor pandemia de la Historia, habitó la indeformable estolidez de las fronteras y la censura de una Europa en guerra y a esa Europa aplicó su guadaña. Los 50 millones de personas que murieron, murieron en un continente, en un mundo, radicalmente distinto al nuestro. Y no hablo de medicina, hablo de sociedad.

Porque son la libertad de opciones de la Globalización, el imposible control de la información, la incapacidad de los Estados para enfrentarse a los problemas de mayor calado, los grupos que buscan nuevos referentes ideológicos, los que están permitiendo la resolución de esta crisis sanitaria; y no provocándola.

Esto no es algo que se quiera entender. Como dice David de Ugarte en su análisis del 11M,

Cada vez que una estructura social se abre, la primera respuesta no llega del más débil, sino del que disfrutaba de un pequeño monopolio local de poder.

La historia de la Europa de la Unión, es la historia de una estructura política que se ha armado sobre viejas estructuras de poder y no ha sido capaz de (o no ha querido) generar consensos cívicos y sociales para generar nuevos proyectos, nuevas realidades. Turquía, la PAC, el bloqueo comercial a China fueron síntomas de un mal que ahora se manifiesta en que el fantasma que recorre Europa es el fantasma del euroescepticismo.

Mientras lo que nos está mostrando este drama es que la globalización funciona. Que si las fronteras son necesarias para el desarrollo, para olvidar la deforme y desequilibrada adolescencia; cuando crecemos, y una vez que las matrices se secan, las fronteras son jaulas. Este es el legado del nacionalismo, un cenagal de Estados sordos y ciudadanos muertos.

Hemos de ser conscientes de que la única forma de salir de estas crisis (la sanitaria, la económica y la política) es abriéndonos; reforzando la libertad de movimientos y de oportunidades; impulsando una Sociedad Civil global y autónoma del poder político.

La verdad verdadera está ahí fuera.