A Cuadros

pasquín literario de ambigüedades


Llovía. Llovía a bocajarro, despiadadamente, como con la presumible intención de derrumbar psicológicamente a los niños que quisieran ir a jugar al parque. Yo me apretujaba bajo un paraguas de golf negro que había comprado en Londres por una libra y del que (precisamente por su ‘low cost’) aún buscaba su defecto de fábrica antes de que fuera demasiado tarde.

A medio trayecto a mi parada de autobús cuando la lluvia, los rayos y el viento me hicieron considerar seriamente Zeus, Dios padre y Alá se hubieran ido de farra la noche de antes y estuvieran descargándose sobre este pobre empirista lógico que les escribe, entré en un McDonald’s.  Un McDonald’s que tenía mucho que ver con el restaurante del fin del mundo de Adams y estaba en el centro de un inmenso parking de un Carrefour en domingo.

Entré y traté de cerrar el paraguas aunque he de reconocer que fue un pelín complicado de puro manazas que soy. Luego fui al mostrador y pensé en qué tomar: algo pequeño porque no tenía hambre pero que justificara un buen rato de lectura en una de las mesas. Pedí un helado con oreo y me senté en una mesa. Fue justo entonces, casi cinco minutos después de entrar, cuando me di cuenta de que todas las personas que había en el local eran norteafricanos (lo que viene definiéndose en este país con el término, más antiguo y desprestigiado, de moros) que en distintas mesas (10 o 15) comían y charloteban en árabe. He de reconocer que me extrañé no sólo por el origen socio-cultural de la clientela sino porque, además, todos estuvieran cenando a unas horas tan extrañas (las 7 de la tarde más o menos).

Cucharada a cucharada estuve analizando tan peculiar hecho sociológico y constaté que todas las personas que entraban también eran norteafricanos. Fue así durante una hora y pico, hasta que entraron un par de niñatos que había aparcado sus trastos en la puerta. Había familias enteras, lo que parecían grupos de amigos e incluso algunos ancianos.

Empecé a recoger y me dirigí a la papelera cuando me di cuenta de algo mucho más siniestro: todos, excepto alguna ensalada y un par de cafés, comían hamburguesas de pescado. Todos. En ese momento recordé una conversación sobre la supervivencia o no del filete de McDonald’s (la favorita de mi madre) en estos tiempos modernos. Y vaya que si sobrevivía, lo que nunca hubiera sospechado es que lo hiciera (sobrevivir, se entiende) por un complejo rito social islámico (o lo que fuera aquello).

Volvía a mi casa (en medio de un diluvio que no cesaba) cuando se me ocurrió que quizá el McFish era la verdadera “Alianza de Civilizaciones”.

Viaje con nosotros

2-Marzo-2010

España no es más que un país. Eso es todo.

Algunos quieren ver unidades de destino en lo universal; otros, en cambio, una bacanal secesionista de otras pequeñas unidades. No hay lugar, al menos no ahora. Lo sé porque eso es lo que he estado haciendo este mes y pico, descubriendo que España era un país y ahora lo voy dejar por escrito.

Pónganse el cinturón, protejan su vida…

Hoy hace un año que Obama juró el cargo de presidente de los Estados Unidos. Cuenta Saul Below, en un artículo de la Esquire de diciembre de 1983, que cuando Roosevelt ganó a Hoover en noviembre del 32 se convirtió en EL presidente hasta tal punto que la cultura popular trataba su investidura como “la coronación”. En su fuero interno, Obama ambiciona remover los cimientos de su país como lo hizo Roosevelt.

El 19 de enero, cuando el republicano Scott Brown se convirtió en uno de los dos senadores de Massachusetts, comenzó la verdadera presidencia de Obama porque va a tener que decidir qué quiere ser de mayor. Y es que lo que diferencia a un político genial de uno del montón es que el primero se define más por el adjetivo que por el sustantivo. Un genio, como dijo mi profesor de Percepción una vez (mientras criticaba los criterios del nobel de fisiología), es aquel que cambia el debate, que nos pone a mirar hacia otro lado.

Estos días, toda vez que en el faro de cabo Kennedy se ha extinguido la luz, vamos a ver si la ambición de Obama está acompañada de determinación o, en cambio, la popa y el boato del sello presidencial es suficiente para el primer Presidente negro de EEUU.

Hagan sus apuestas y compren palomitas: en estas semanas se marcan las reglas de juego.

Mi tío, cuando va a hacerme un regalo, tiene la costumbre de acercarse al Corte Inglés y comprar el libro más gordo que haya en la mesa rotulada con el palabro “best-seller”. Esta navidad, cayó ‘La mano de Fátima’ y ya lo teníamos amontonado en casa. Así que hoy he ido a la tienda y, tras buscar un rato entre los estantes, me he regalado la ‘Poesía Completa’ de Borges.

De joven fui un lector casi obsesivo de Borges, pero del Borges cuentista, prosista, no del Borges poeta. De éste último había leído, mucho más tarde, un poema de ‘La cifra’ titulado ‘El desierto’ que descubrí en ‘El sindicato del mono degollado’, un blog sui géneris de poesía.

Antes de entrar en el desierto

los soldados bebieron largamente el agua de la cisterna.

Hierocles derramó en la tierra

el agua de su cántaro y dijo:

Si hemos de entrar en el desierto,

ya estoy en el desierto.

Si la sed va a abrasarme,

que ya me abrase.

Ésta es una parábola.

Antes de hundirme en el infierno

los lictores del dios me permitieron que mirara una rosa.

Esa rosa es ahora mi tormento

en el oscuro reino.

A un hombre lo dejó una mujer.

Resolvieron mentir un último encuentro.

El hombre dijo:

Si debo entrar en la soledad

ya estoy solo.

Si la sed va a abrasarme,

que ya me abrase.

Ésta es otra parábola.

Nadie en la tierra

tiene el valor de ser aquel hombre.

Creo que voy a empezar a degustar el libro por ‘El hacedor’, por lo que he leído es una especie de punto de inflexión en el cual la poesía oral y “popularista” de Borges da paso a una más angustiosa, como de un otoño que agoniza a las puertas del oscuro invierno.

De todas formas, lo más interesante que he encontrado hasta ahora es una frase del prólogo que me parece una de esas pequeñas joyas de crítica literaria que se encuentrar dispersas en el bosque de las bibliotecas.

Como todo joven poeta, yo creí  alguna vez que el verso libre es más fácil que el verso regular; ahora sé que es más arduo y que requiere la íntima convicción de ciertas páginas de Carl Sandburg o de su padre, Whitman.

Aquí Borges acierta de lleno. El verso libre es un riesgo y un valor como pocas cosas en este mundo. El verso libre exige, por tanto, de ti mismo en esas palabras que normalmente la apuesta es descabellada. Por eso, quizá, la poesía contemporánea, la poesía libre, libérrima, se encuentra sumida en tan honda crisis; porque para escribir poesía hay que tener la convicción de Whitman y, claro, nadie en la tierra tiene el valor de ser aquel hombre.

Estupro

3-Enero-2010

Llovía. Ella descruzó sus piernas larguísimas de ron. Miró por la ventana y vio que todos estábamos de espaldas.

Este amor – le susurró al Joven antes de morder sus lóbulos – como el toro, ha nacido para el luto. – mas no quiso creerlo y besó sus labios y mintió y cayó borracha, delirante, anestesiada.

El corazón tan blanco como la nieve

y más frio.

Ella y yo sabíamos que aquella noche sería la última, que aquella mirada marcharía descalza por la arena húmeda, que sería la última.

Bebimos grappa y bailamos la noche cerrada en la playa del puntal.

Entreplanta

28-Diciembre-2009

la distancia no es el olvido: el olvido son las personas que no creen en las palabras. A Aída, su padre le contaba que si deseaba algo, algún día, había de nombrarlo; pues

“(…)las palabras dan consistencia (entidad, carne) a los sueños”

[Mediavilla]

El olvido empieza con un piano de pared junto a la escultura de Allen, con el primer te respondo otro día (cuando tenga más tiempo, cuando este menos cansado). Le sigue Meg Ryan desnuda y Angelina embarazada, la colada de los lunes, las cosas verdes y con pelos, las timbas de Gatwick las noches en vela, dos vasos de tinto dentro del ascensor. Un bocadillo de bonito.

Poema color Puesta de sol

25-Diciembre-2009

Lo primero fueron sus piernas aquellas tarde de café y anacardos. Lo de enamorarme vino luego, más tarde. Deseé ver como votaba sobre mí, ver su sudor, su cuerpo, sus pechos y sus pecas pegando carteles en la Escuela de Minas y cerca ya del Salvador.

-  Creo que estar sentado viendo Santander debe ser pensamiento estético (pues a veces, sólo a veces, mirar es un género de la filosofía).

- Sentarnos – vestidos y así poder imaginarlo todo, insinuarlo todo – y mirar Santander, es sexo: ciencia, biometría: filósofos viejos y jóvenes experimentalistas (Quine y Mayo); es destrozar a Bécquer y a Machado; es trascender a Jameson, a Belladona: es Nietzsche haciendo el eterno retorno.

A un kilómetro de Idoya

22-Diciembre-2009

Juramos…

juramos hacer que esa noche fuera eterna y así fuera la metáfora perfecta de nuestra amistad.

Amaneció.

Perdonen la ausencia. Estuve un tiempo largo en Glasgow y demás lugares de Escocia. Ya les iré contando…

Hoy aparezco para llamarles la atención sobre un nuevo blog “El estudiante que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina”. Los creadores del ya desaparecido “La verdad sobre el caso Bolonia” vuelven con más mala baba si cabe.

Queremos ser, además de burbujitas del anuncio de Freixenet, un espacio crítico en el erial cívico andaluz. Conceptistas (Buscamos un acto del entendimiento que exprese la correspondencia que se halla entre la Universidad y una berenjena), Cínicos (Buscamos un hombre honesto) y escépticos (Somos ataráxicos sin remedio), llevábamos el Gaudeamus bordado en los calzoncillos hasta que despertamos de la siesta universitaria.

Un blog que, lejos de la apología de la piromanía (¡No juguéis con el fuego! ¡Dejemos al fuego sin amigos!), quiere reivindicar la misión original de la Universidad: alcanzar la mayor realización del servicio a la sociedad a través del conocimiento y la búsqueda de la verdad. Lo demás, tonterías…

Un buen blog, seguramente…